miércoles, 30 de marzo de 2011

Lunes: De tiendas por la Quinta Avenida

Empezamos el día relajados visitando el Bryant Park, en la calle 42, un parque del tamaño de los Jardines de Albia pero con mesas de ping-pong, en el que dicen que los americanos suelen relajarse yendo con los peques, o a leer o a tomarse su almuerzo, comida o cena. Está bonito, la verdad, pero el frío que hace no hace que nos apetezca quedarnos parados ni un momento así que nos vamos a la Biblioteca Pública de NY. Impresionante, un edificio clásico imponente, de mármol y piedra por el exterior y marmol y madera por el interior para suelos y puertas. Los techos pintados o decorados con diversos motivos también clásicos. Imponente. Dan ganas de pedir un libro y quedarse allí leyendo.

Pero como no hemos venido hasta aquí para leer, nos vamos a la famosa Grand Central Terminal, nuestra estación de Abando pero a lo grande. Lo mismo de imponente que la librería: mármol, piedra y madera por todos sitios. Con unos locales interiores a cual más peculiar, incluidos la cafetería VIP en la terraza superior en el que una amable señorita te pide el abrigo y te acompañan hasta la mesa como si estuvieras entrando en el Maxims de Paris. O el famoso también Oyster Restaurant que te recibe con un golpetazo de olores a fritanga que no encaja con la elegancia del local ni de los comensales pero que supongo que al estar subterráneo no podrán evitar.

Nos tomamos lo mas parecido a un café en la cafetería de la planta baja y reponemos fuerzas y de paso un poco de temperatura que hoy se ha levantado fresco también. Estamos rozando siempre los cero grados bajando incluso a negativos cuando se acerca la noche. Pero se soporta bien, la verdad. De hecho, creemos que nos estamos acostumbrando porque cada vez nos tapamos menos.

Salimos a patear y nos recorremos los edificios más emblemáticos de la zona: Chrisler, Sony, Black Rock (con un piano de cola en el hall en el que no me dejan sentarme ni para hacer una foto...lástima porque me apetecía amenizar el café a los que estaban allí cerca).

Seguimos el paseo y nos encontramos con una cafetería de Juan Valdez que les encanta a las chicas. Es idéntica a la que había en Pereira pero no me pido la malteada porque con el frío que hace si me meto medio litro de helado de arequipe con café entre pecho y espalda puedo morir de congelación.

Subimos a la torre de Donald Trump, un poco rancia la verdad. Después entramos en Tiffanys para comprar algún recuerdo para todos los que nos estáis leyendo pero no vimos nada que os pudiera gustar, porque ganas no nos faltaban. Nos dejó un poco fríos, en el cine sale bastante más glamouroso todo, la verdad.

Nos fuimos hasta el Corte Ingles newyorkino, o sea, al Macys (y no, no se llama así porque las dependientas sean todas impresionantes). Es un sitio muy curioso, sobre todo la primera planta decorada con plantas y flores. Lo que más nos gustó es que no agobia tanto como el Corte, las plantas son diáfanas con mucho espacio vacío y mucha madera en el suelo. De hecho las escaleras mecánicas (la mayoría de las originales todavía se conservan) son también de madera y transmiten una sensación muy cálida. Dicen las guías que es la tienda más antigua de New York. Desde luego es una de las más originales.

Desde allí nos fuimos a la tienda de electrónica BH pero estaba cerrada así que nos cogimos un metro hasta la zona del hotel, cenamos en un típico restaurante con asientos corridos de cuero rojo unas ensaladas tremendas y para la cama, a tratar de digerirlas. Dios, que exagerados son estos americanos del norte...




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