lunes, 4 de abril de 2011

Domingo: Frankfurt

Acabamos de aterrizar en el aeropuerto (y medio) de la ciudad donde se inventaron los hot-dogs.

Los tres coincidimos en que el viaje de vuelta se nos ha hecho mucho mas corto que el de ida, pero el paso por los controles de aduanas ha sido más pesado porque a falta de uno hemos tenido que pasar por dos para salir a tomarnos un café (por llamarlo de alguna forma, porque tampoco aquí hemos tenido suerte con el "macchiato"...).

Si supiera que iba a volar más veces vendría con un pantalón tres tallas más grandes para que al quitarme el cinturón en el control de seguridad se me cayera hasta las rodillas y dejara ver un calzoncillo que pusiera: "estoy hasta aquí...de tanto control" a ver si se les quita la paranoia. Que cansinos, por Dios!!!!!

No hemos pegado ni ojo en el avión, todavía tenemos la hora cambiada y seguro que nos pega el bajón cuando estemos volando para Bilbo. O durante la espera que va para largo porque hemos aterrizado a las 5:30 y hasta las 10:20 no embarcamos, 5 horitas dando vueltas por tierras germanas (aunque un par de ellas ya se nos han pasado sin darnos apenas cuenta entre el café y llegar hasta la puerta de embarque que por lo que hemos caminado calculo que queda en Munich...)

Estos alemanes sorprenden gratamente. Puntuales hasta la médula, en los 4 vuelos hemos salido y aterrizado a la hora programada, es increíble.





sábado, 2 de abril de 2011

Viernes: Biblioteca Morgan, Empire y compras

Nuestro ultimo día queríamos aprovecharlo rematando visitas que se nos habían quedado en el aire. Lo primero de todo, desayunar fuera como los americanos. El hotel estaba últimamente imposible así que nos hemos echado a la calle buscando una cafetería que nos gustase. Y allí la hemos visto a tan solo unos metros de nuestro hotel: Café Ronda. Totalmente recomendable. Han tardado en prepararnos el desayuno casi media hora todo hay que decirlo (le aplican un esmero y una calma a las cosas que choca con la imagen de ciudad desenfrenada que siempre nos transmiten las películas), pero cuando han sacado los platos lo hemos entendido. Con deciros que con solo uno de ellos habríamos desayunado los tres !!!. Impresionante el espectáculo: 4 tostadas de pan de cereales con mantequilla y mermelada de fresa, 4 tostadas francesas de dos dedos de grosor con moras y sirope y 3 tortitas de un dedo de grosor con plátano y sirope también. Eso si, ya puestos, no hemos dejado ni las migas, pues buenos somos nosotros cuando nos ponemos también. Teníais que haber visto la cara del camarero cuando le hemos dicho que queríamos repetir y que sacara otra ronda de lo mismo. Y luego vamos presumiendo los de Bilbao de lo que comemos. Si algún día hacemos algún concurso contra un yankee lo perdemos seguro.

Hemos cruzado Central Park por la zona del lago de Jackie Onassis hasta la 5a avenida, un paseo precioso hasta con lluvia. De allí nos hemos bajado hasta el Metropolitan pasando por el Guggenheim (nada que envidiar, el nuestro es mucho mas espectacular por fuera, por dentro no sabemos porque no nos ha apetecido entrar). El edificio del Metropolitan impresionante también, el interior bueno, como casi todos, dependiendo lo que te guste. Hemos coincidido con una exposición de guitarras americanas muy interesante y con un video de como las fabricaban.

Cuando nos hemos cansado de tanto arte antiguo, nos hemos cogido el metro y nos hemos ido a ver la biblioteca de Pierpoint Morgan (el fundador de la banca JP Morgan) que resulta que era un coleccionista de libros incansable. Sus herederos han transformado la antigua casa familiar en una Biblioteca abierta al público. El edificio por fuera es precioso pero por dentro es espectacular. La zona de la biblioteca, la de lectura y las salas de exposiciones (ahora había una de diarios manuscritos antiguos de escritores famosos) eran increíbles. Hay que estar para verla porque no se puede describir y no dejaban hacer fotos aunque una "se me escapó sin querer" ;-). Probablemente lo mas bonito que hayamos visto en NY. Una recomendación para el que venga aquí: imprescindible. Gracias chiqui por el consejo :-)))

Después hemos localizado un sitio para comer de comidas preparadas al peso (se estilan mucho, a 6,99$ la libra) y nos hemos acercado a la zona del Empire para ver por lo menos el vestíbulo. Lo que nos hemos podido reír cuando le hemos preguntado a uno de los que venden entradas para subir al mirador que si quedaba muy lejos el Empire State. Nos ha mirado como marcianos. Le hemos dicho que no éramos de aquí y que estábamos buscando el Empire pero no para subir arriba sino para hacer fotos desde abajo. El tío no cambiaba la cara. Al final lo hemos entendido todo: cuando se lo estábamos preguntando, yo estaba apoyado en el propio edificio !!!. Como siempre lo habíamos visto de lejos no teníamos ni idea de como era por abajo. En fin, vaya catetos habrá pensado, pero como decía Gila: "Me habéis matado al hijo, pero lo que me he reído?"

Después de ver el vestíbulo (que no tiene gran cosa la verdad aunque es bonito y parece que te metes en los años 30 si no fuera por la cantidad de cámaras digitales que pululan) nos hemos ido a la cafetería que hay justo en los bajos. Totalmente recomendable también. Y sobre todo el sótano, no la planta baja que tiene mucho ruido. Abajo es el típico bar enmoquetado de las películas, elegante, con buen servicio, música baja, una decoración repleta de maderas nobles y luces tenues. Precioso. Precio de un café: 4 €, pero merece la pena. Dan también de comer y cenar pero no miramos precios aunque suponemos que barato no es.

Desde allí nos subimos a Times Square, la zona que menos me ha gustado de toda la ciudad porque es una verdadera locura de gente paseando, de gente que te quiere vender entradas para los espectáculos que menos llenan, de gente haciéndose fotos con las cientos de pantallas gigantes que pueblan la plaza, de gente disfrazada haciendo su propio espectáculo, etc. Total, un verdadero agobio...pero hoy tocaba tarde de compras y las chicas querían llevarse un Levis original americano. Y lo han conseguido después de lidiar con las distintas formas, tallas y colores entre los que tenían que elegir.

Hemos intentado coger entradas para un espectáculo pero al ser ya tarde, casi las 8, las que quedaban eran de sitios bastante malos así que hemos desistido. Otra vez será...

Vuelta para la zona del hotel, cena rápida en el sitio al que fuimos ayer en el que encima nos reconocen y nos hablan en español. Como la gran mayoría de los camareros son hispanos es casi imposible practicar inglés en los restaurantes, en cuanto te detectan ellos mismos te hablan español.

Hasta cuando he vuelto al hotel y le he preguntado al recepcionista (un negrazo de 1,80 x 1,80 de nombre Thomas) a que hora deberíamos coger el taxi para llegar al aeropuerto a tiempo al final se me ha puesto a hablar en castellano para explicarse mejor. Mecachis, así no se puede!!!

Mañana toca día de aeropuertos y taxis y el domingo nos tenéis en Bilbao sobre la 1 y media aproximadamente.

Las chicas se han ido a despedir de unos amigos españoles que están también pasando unos días aquí y yo me he vuelto para el hotel para despedirme de vosotros.

Gracias por haber estado ahí siguiendo nuestras aventuras a diario.



viernes, 1 de abril de 2011

Jueves: El Village y Tribeca

Nueva York se empieza a poner triste porque sabe que ya casi nos vamos y hoy se ha levantado un poco lloroso y frío. La ciudad que nunca duerme también es vengativa con los que la abandonan y ha querido darnos una lección en forma de lluvia gélida. Y ¿que es eso para una cuadrilla de vascos aguerridos y bien pertrechados? Pues de entrada, una puñeta porque hace las cosas más complicadas, como lo de hacer fotos sujetando el paraguas con una mano, la mochila con la otra, los guantes en la boca, y la cámara? Ostras, casi se me cae !!!

Hoy hemos dado una tranquila vuelta por la zona del Village, donde se supone que empezó antaño y hoy se concentra el movimiento gay newyorkino, o sea, como Chueca pero más grande y mas cutre. ¿Empezaría también allí la tradición por los "perritos calientes"? ;-)

No ha estado mal pero nos ha sabido a poco, después de haber visto cosas tan espectaculares, los barrios normales te dejan una sensación de decir "¿y?". Lo hemos intentado arreglar yendo a Tribeca, zona presuntamente regenerada por Robert de Niro, que tampoco estaba mal pero que nos ha parecido igual de prescindible que el Village. Visitas de relleno que aparecen en muchas guías porque al final tienen que hablar de todas las zonas, pero que no tienen suficiente peso especifico como para destacar nada de ellas.

Hemos ido a comer a Chinatown a uno de los sitios más baratos que ponían en la guía y, caramba si era cierto. Comida para cuatro por 29 $ que con la propina se han quedado en 35, unos 6 € por barba al cambio. Hay que decir que el restaurante daba un poquito de grima, parecía el típico en el que rueda las peleas Jackie Chan y que acaba destrozando.

Curioso nuestro segundo paseo por las calles de la zona. Los que venden cosas a pie de acera gritando "Watches" en cuanto nos veían la caras decían "relojes" y sin ni siquiera oirnos hablar, que tíos, se van a hacer los dueños de todo.

Hemos vuelto a Times Square para ver si pillábamos unas entradas a buen precio de algún musical que mereciera la pena pero no ha habido suerte, la del Rey Leon que era la que más queríamos ver ni siquiera la ofertaban lo que significa que tenían lleno total, como casi todos los días. Nos hemos tomado una cafecito en el Starbucks (creo que éramos los únicos clientes quemes lo estaban tomando dentro del local, todo Dios lo coge y se lo lleva puesto) y vuelta para el hotel para descansar un poco antes de irnos a cenar algo por la zona, que es lo que mas nos cuesta, cenar algo ligero, porque hasta las ensaladas las carga el diablo (del colesterol) y transforman algo sencillo y digestivo en una fiesta de bacon, pollo, queso, salsa de ajo, etc. que se acaba convirtiendo en una bomba de relojería. No me extraña que la mayoría de los delitos se cometan por la noche: si cenan así los maleantes tienen que acabar con una mala leche... !!!!







jueves, 31 de marzo de 2011

Miércoles: día variado

Hoy nos hemos levantando un poco mas perezosos, supongo que por el cansancio acumulado. Aun así nos hemos dado un buen tute desgastando zapatilla.

De buena mañana, y siguiendo otra muy buena recomendación (gracias peque ;-) nos hemos ido a ver el edificio que tienen forma de barco o de plancha, el famoso Flatiron. Nos ha encantado a los 3. Es precioso, probablemente el edificio más bonito que hemos visto hasta ahora. En su día fue de los mas altos también pero enseguida fue superado en altura que no en belleza. Atentos a las fotos que merece la pena.

Después hemos aprovechado que por allí mismo había mercado (en Bryant Park) y nos hemos comprado unas manzanas y nos las hemos comido sentados en un banco al sol mientras los americanos llegaban con su bolsa de papel y sus hamburguesas, sandwiches o perritos calientes que devoraban en 5 minutos. Hoy ha subido la temperatura y se estaba de maravilla al sol. Curiosidad: el parque estaba lleno de ardillas que se te acercaban a comer de la mano las peladuras de la manzana.

En la misma plaza esta una de las librerías mas famosas, y seguramente la más antigua también: Barnes y Nobles. Un paraíso para el que le gusten los libros y los artículos de papelería. Precioso edificio, con un interior muy acogedor y 4 plantas inmensas dedicadas a la literatura. Nos ha encantado también, a poco nos quedamos allí toda la mañana.

Hemos entrado en el Bloomingdales principal y este era bastaste mas lujoso que el que vimos el primer día pero no deja de ser un Corte Ingles a lo yankee.

Después nos hemos encaminado a uno de los tesoros menos citados en las guías: el "Telesférico" de Roosvelt Island, que conecta Manhatan con dicha isla y que ofrece unas buenas vistas desde el aire del lower east.

Hemos comido en un sitio llamado 360, precioso, nos han puesto una ensalada brutal de grande a cada uno y una tarta de queso de postre impresionante.

Luego hemos ido a la planta 47 del hotel Marriot de Times Square para disfrutar (y padecer por el mareo que provoca) la cafetería que gira 360 y que te va cambiando las vistas cada momento.

Por ultimo hemos quedado con un amigo de Trini, Benat, que ya conocíamos cuando fuimos a Donosti y con Donato, un amigo suyo para tomar algo, cenar y escuchar un poco de jazz pero como estaba agotado de cansancio me he venido un poco antes al hotel para descansar y allí se han quedado ellos. A ver que tal.




miércoles, 30 de marzo de 2011

Martes: Chelsea

Después de desayunar nos hemos ido en metro, de nuevo (esta vez hemos tenido suerte y estaba abierta), a la tienda BH Photo Video, una especie de Corte Ingles de la electrónica pero a lo grande regentada y atendida por judíos. Casi todas las marcas y calidades, y a precios bastante ajustados. Si no tuviéramos la Casa del Electricista en Baracaldo seria el lugar idóneo para comprar cámaras, MP3s, etc.

Nos hemos acercado andando, ¿como si no? (que no paramos), hasta el barrio de Chelsea, que lo ponen como de finolis en las guías pero que tampoco nos ha parecido nada del otro mundo. Vamos, que si los que han escrito la reseña ven Neguri, les faltarían superlativos para describirlo. Nos hemos topado con la grabación de un capítulo de la serie "Law and Order" con un despliegue técnico impresionante. Curioso como se lo montan para grabar unos minutos nada más.

Lo que más nos ha gustado ha sido un iglesia reconvertida en multi-tienda y el Market Place, la antigua fabrica de galletas Oreo reconvertida ahora en un mercado en el que había pescaderías, fruterías, pastelerías (de estas lo que más como en todo NY), todo muy bien decorado y ambientado, y aunque estaba a tope de gente, no daba sensación de agobio salvo por el calor. En España ahorrando combustible en las autopistas y aquí tienen los edificios a 40 grados.

Nos hemos acercado a Central Park para hacer la turistada del paseo en coche de caballos pero entre la timada que nos querían dar (120 $ por una hora) y lo mal que olían nos hemos decidido dar la vuelta en un risksaw (una bicicleta que tira de una especie de carro) "propulsada" por Adriana, una simpática mexicana y la única guía hispana del parque. Después de negociar el precio de la vuelta nos hemos decidido y la verdad es que ha merecido la pena.

Hemos comido una hamburguesa bien rica en la octava avenida y nos hemos acercado en metro hasta Brooklyn para volver andando por el puente. Para hacer tiempo a que anocheciera nos hemos tomado café con muffin en la típica cafetería con asientos en la barra. Después de reponer fuerzas, nos hemos encaminado hacia el puente que en si es muy bonito, con partes de madera en el suelo y los tirantes de acero, pero hemos tenido la mala suerte de que la mitad estaba en obras y afeaba un poco el recorrido. Eso si, al llegar a Manhattan, las vistas de los rascacielos que empezaban a iluminarse ha sido impresionante.

Nos hemos dado un buen paseo por la zona del muelle hasta llegar al Pier 17, una especie de centro comercial con una cafetería restaurante en su parte más alta que ofrece unas vistas increíbles sobre el río y Brooklyn desde su terraza con suelo de madera y tumbonas. Que buen consejo nos dieron las personas que nos recomendaron ir allí ;-) Mil gracias !!!!!

Hemos vuelto un poco religiosos al hotel, porque hemos cogido un taxi con un paquistaní, y no parábamos de rezar en cada cruce, frenazo y curva que el tío tomaba. Señor, que acelerones y que frenazos. A poco le dejamos la cena en el asiento de delante...

De vuelta al hotel y a descansar un poco, que nos lo hemos ganado de nuevo.



Lunes: De tiendas por la Quinta Avenida

Empezamos el día relajados visitando el Bryant Park, en la calle 42, un parque del tamaño de los Jardines de Albia pero con mesas de ping-pong, en el que dicen que los americanos suelen relajarse yendo con los peques, o a leer o a tomarse su almuerzo, comida o cena. Está bonito, la verdad, pero el frío que hace no hace que nos apetezca quedarnos parados ni un momento así que nos vamos a la Biblioteca Pública de NY. Impresionante, un edificio clásico imponente, de mármol y piedra por el exterior y marmol y madera por el interior para suelos y puertas. Los techos pintados o decorados con diversos motivos también clásicos. Imponente. Dan ganas de pedir un libro y quedarse allí leyendo.

Pero como no hemos venido hasta aquí para leer, nos vamos a la famosa Grand Central Terminal, nuestra estación de Abando pero a lo grande. Lo mismo de imponente que la librería: mármol, piedra y madera por todos sitios. Con unos locales interiores a cual más peculiar, incluidos la cafetería VIP en la terraza superior en el que una amable señorita te pide el abrigo y te acompañan hasta la mesa como si estuvieras entrando en el Maxims de Paris. O el famoso también Oyster Restaurant que te recibe con un golpetazo de olores a fritanga que no encaja con la elegancia del local ni de los comensales pero que supongo que al estar subterráneo no podrán evitar.

Nos tomamos lo mas parecido a un café en la cafetería de la planta baja y reponemos fuerzas y de paso un poco de temperatura que hoy se ha levantado fresco también. Estamos rozando siempre los cero grados bajando incluso a negativos cuando se acerca la noche. Pero se soporta bien, la verdad. De hecho, creemos que nos estamos acostumbrando porque cada vez nos tapamos menos.

Salimos a patear y nos recorremos los edificios más emblemáticos de la zona: Chrisler, Sony, Black Rock (con un piano de cola en el hall en el que no me dejan sentarme ni para hacer una foto...lástima porque me apetecía amenizar el café a los que estaban allí cerca).

Seguimos el paseo y nos encontramos con una cafetería de Juan Valdez que les encanta a las chicas. Es idéntica a la que había en Pereira pero no me pido la malteada porque con el frío que hace si me meto medio litro de helado de arequipe con café entre pecho y espalda puedo morir de congelación.

Subimos a la torre de Donald Trump, un poco rancia la verdad. Después entramos en Tiffanys para comprar algún recuerdo para todos los que nos estáis leyendo pero no vimos nada que os pudiera gustar, porque ganas no nos faltaban. Nos dejó un poco fríos, en el cine sale bastante más glamouroso todo, la verdad.

Nos fuimos hasta el Corte Ingles newyorkino, o sea, al Macys (y no, no se llama así porque las dependientas sean todas impresionantes). Es un sitio muy curioso, sobre todo la primera planta decorada con plantas y flores. Lo que más nos gustó es que no agobia tanto como el Corte, las plantas son diáfanas con mucho espacio vacío y mucha madera en el suelo. De hecho las escaleras mecánicas (la mayoría de las originales todavía se conservan) son también de madera y transmiten una sensación muy cálida. Dicen las guías que es la tienda más antigua de New York. Desde luego es una de las más originales.

Desde allí nos fuimos a la tienda de electrónica BH pero estaba cerrada así que nos cogimos un metro hasta la zona del hotel, cenamos en un típico restaurante con asientos corridos de cuero rojo unas ensaladas tremendas y para la cama, a tratar de digerirlas. Dios, que exagerados son estos americanos del norte...




martes, 29 de marzo de 2011

Domingo tarde: Subimos a las alturas

Después de la misa gospel nos acercamos a ver la Catedral de John the Divine, que con ese nombre pensamos que se trataba de un estrella del rock o de un peluquero (perdón, esteticista) famoso. La verdad es que era divina de verdad, por dentro y por fuera, hasta ahora uno de los edificios mas bonitos que hemos visto en USA.

Volvimos en el M4 hasta la 5Av para probar lo que era viajar en un bus y zas!!! nos pilla un atasco en el centro que nos hace desviarnos pero al final nos lleva a donde queríamos: el Rockefeller Center. Tal y como sale en las pelis, con su pista de hielo, sus banderas y por supuesto su "Top of the Rock" como han bautizado comercialmente a su mirador para quitarles clientes a los del Empire.

Las vistas desde allí son impresionantes. El frío, más. El viento se nos metía como cuchillos por todas las rendijas pero parece que como es cierto eso de que sarna con gusto no pica, estuvimos a gusto hasta que anocheció, ya que nos habían recomendado esperar a que se encendieran las luces de la ciudad. Y mereció la pena. A ver si las fotos lo demuestran, porque hicimos todas las que pudimos y más.

Después inicié a dos profanas en el sagrado mundo de la manzana. En el Apple Center de la 5a. Avenida, donde si no?. Se suponía que me acompañaban a mi que quería ver un par de cosas (y tocar un iPad 2 por primera vez) y al final se enganchó cada una a uno y a poco se lo tengo que arrancar de las manos y sacarlas a rastras de allí de lo que se viciaron. Madre mía, se quedan 10 minutos más y se compra uno cada una.

Pasamos por la puerta del Radio City Music Hall, famoso donde los haya, vimos un espectáculo penoso de adolescentes americanos haciendo botellón mientras la policía espera un momento para intervenir y decidimos coger el metro hasta el hotel. O por lo menos, eso era lo que creíamos, en nuestra divina inocencia.

El caso es que hay metros que se llaman Express que no paran en las estaciones intermedias y allí que nos cogimos uno de estos y nos subió, pasándose de largo nuestra estación, hasta nada menos que Harlem. Si, un buen barrio donde los haya para 3 turistas blancos con una cámara de fotos colgada al cuello y un fajo de billetes de 100 dólares asomándoles por el bolsillo del pantalón (a ver, permitidnos alguna licencia para darle mas emoción al tema no?).

Media hora de espera extra. Casi las 11 de la noche. El anden que se llena de gente de color (muy oscuro) si ya de por si el ambiente del metro es bastante negro, no os imagináis lo que puede ser a esas horas y en aquel barrio. El metro de vuelta que no acaba de pasar. Una frase repitiéndose constantemente en nuestras cabezas: "no se os ocurra subir de la calle 90 por la noche" (y estábamos en la 125, pleno Harlem). Para acabar de rematarlo, el frío en la estación subía por momentos, por la hora y por las corrientes de aire.

Decidimos salir a la superficie a pedir un taxi. Supusimos que estaban rodando una peli o algo así porque en los 5 minutos que el frío (y el miedo - yo, por ellas eh? que iba con dos atractivas mujeres blancas a las que no quitaban ojo) nos permitió aguantar fuera, vimos de todo: un tío ofreciéndonos un taxi no legal (no quiero pensar que llevaría en el maletero), dos o tres coches de bomberos cruzando a toda pastilla, una ambulancia derrapando para detenerse delante de nosotros mientras el conductor saltaba y cogía la camilla de la parte de atrás como en las pelis. Nos quedamos esperando a ver el director decía: "Corten, corten, perfecto. Media hora para el bocadillo y seguimos rodando" pero...no. Como encima no pasaba ni un solo taxi libre, pensamos que era menos arriesgado volver al metro: mejor malo conocido y caliente que frío y peor por venir.

Nos volvimos a coger otro metro express hasta la estación de origen (otra vez hasta la 59) y desde allí si que pudimos coger un taxi hasta el hotel. Bueno, como aun no habíamos cenado y no hay susto que le quite el hambre a un vasco, le dijimos que nos parase en la misma puerta de uno de los chiringuitos mas cutres de toda NY: el Grays Papaya, que se cita en cientos de peliculas y series y se supone que tiene los mejores frankfurts de toda la Gran Manzana y en consecuencia, del mundo entero. Y una m..... así de grande !!!!!! Una salchicha de Oscar Mayer con un poco de tomate Orlando encima le dan mil vueltas. Menudo engaño !!! Menos mal que por lo menos eran baratos, por 4,50$ te dan dos perritos y un vaso de zumo. Eso si, los tíos que lo sirven, dos coreanos o vietnamitas mal encarados fueron los únicos que vimos que se daban un poco de prisa en servirnos porque de normal entre que pides una cosa y te sirven ya ni te acuerdas de que ha sido. La comida será rápida, pero los camareros son leeentos como ellos solos.

En fin, otro de los mitos exagerados que hemos padecido pero tampoco es como para matarles, el gusto culinario de los yankees deja mucho que desear así que en el fondo no nos extrañó mucho que venerasen un festín tan "sofisticado" como ese. Asi que no nos extrañe que cuando vengan a Europa flipen con la comida.

Y por fin, sobre las 12 de la noche, después del periplo Harlem-Papaya nos fuimos al hotel que ya nos lo habíamos ganado.