domingo, 27 de marzo de 2011

Escala en Frankfurt

Joe como se lo montan los alemanes. Si ponen el aeropuerto de Frankfurt en Bilbao por la izquierda llega hasta Castro y por la derecha a Donosti. Se nos ha hecho mas largo el viaje en la lanzadera que nos llevaba al aeropuerto que en el propio avión.

Teníamos una hora y media de margen entre los vuelos y a poco embarcamos los últimos. Que digo? Hemos embarcado los últimos :-)

Un problema con el pasaporte de Trini o con su tarjeta de embarque (nunca lo sabremos porque el personal de allí no soltaba prenda) ha dado el último punto de emoción a un viaje que estuvo en un tris de suspenderse (por culpa de una rodilla menos dura que el hielo sobre el que cayó).

Pero por fin nos dan el visto bueno y embarcamos. El avión: enorme, un Airbus de esos que se ven en las pelis. Las azafatas muy majas aunque hablaban raro todas, como escupiendo. Menos mal que luego nos lo traducían todo a un perfecto inglés ... que tampoco entendíamos...que siiiiii, que nuestros encontronazos con el idioma de momento han sido satisfactorios. De hecho, el único problema lo hemos tenido con la propia lengua, porque nos la hemos quemado por culpa de un café hirviendo de medio litro que nos han servido en el aeropuerto. Que digo yo que si "not too hot" no significará lo mismo en Alemania que en España, que todo puede ser.

La comida en el "autobús del aire" no ha estado mal del todo. Una presentación del estilo de la señorita Pepis por el tamaño de las raciones que siempre te hace acordarte del Tetris por como tienes que ir colocando los recipientes para que te entren en la minibandeja que te ponen.

Ya nos hemos visto todas las pelis semidecentes posibles y ahora estamos sesteando un poco. De momento el vuelo va genial y no se nos está haciendo pesado. A ver si seguimos pensando lo mismo dentro de las 4 próximas horas que todavía nos quedan.

Pues si, al final seguimos pensándolo porque acabamos de aterrizar y se nos ha hecho el viaje bastante corto.

El pase por inmigración que tanto miedo nos daba al final también ha sido sorpresivamente rápido y cómodo, aunque, todo hay que decirlo, los agentes no son precisamente los candidatos al Oscar al funcionario más simpático. La cara de perro no se la quitan ni para ir a tomar el café con el Donkin Donut.

Como toda la gente se ponía por grupos yo me acerqué a la vez con Idoia. Cuando la agente me preguntó si éramos familia le contesté que no y me pegó un ladrido despectivo para que volviera a ponerme detrás de la linea. Que esa es otra, que los americanos tienen lineas para todo pero luego son los que menos la guardan de tanto y tan mal que comen.

Recogemos nuestras maletas que tienen el detalle de aparecer en la cinta relativamente pronto (alejando de nuestras mentes la peor pesadilla del pasajero: que le pierdan el equipaje) y salimos a por un taxi amarillo (que son los únicos con taxímetros y tarifas fijas entre JFK y Manhattan).

Tal y como nos habían advertido, los taxistas suelen ser bastante poco sonrientes y amables, en realidad son muy secos (rude en english). Pero bueno, cumple con su objetivo de llevarnos sanos y salvos al hotel y hasta se gana una propina de 1 $ aunque no se la merecía.

El hotel no esta mal del todo. La situación es muy buena, el personal amable, la habitación limpia y las cucarachas que nos corresponden simpáticas y cariñosas. El cuarto de baño es un poco pequeño. Bueno, es bastante pequeño. Bueeeeno, muy pequeño, cada vez que entra uno de nosotros tiene que sacar el neceser de los otros dos porque si no no cabe.

Deshacemos la maleta y ... A descubrir mundo !!!!!!





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