martes, 29 de marzo de 2011

Domingo tarde: Subimos a las alturas

Después de la misa gospel nos acercamos a ver la Catedral de John the Divine, que con ese nombre pensamos que se trataba de un estrella del rock o de un peluquero (perdón, esteticista) famoso. La verdad es que era divina de verdad, por dentro y por fuera, hasta ahora uno de los edificios mas bonitos que hemos visto en USA.

Volvimos en el M4 hasta la 5Av para probar lo que era viajar en un bus y zas!!! nos pilla un atasco en el centro que nos hace desviarnos pero al final nos lleva a donde queríamos: el Rockefeller Center. Tal y como sale en las pelis, con su pista de hielo, sus banderas y por supuesto su "Top of the Rock" como han bautizado comercialmente a su mirador para quitarles clientes a los del Empire.

Las vistas desde allí son impresionantes. El frío, más. El viento se nos metía como cuchillos por todas las rendijas pero parece que como es cierto eso de que sarna con gusto no pica, estuvimos a gusto hasta que anocheció, ya que nos habían recomendado esperar a que se encendieran las luces de la ciudad. Y mereció la pena. A ver si las fotos lo demuestran, porque hicimos todas las que pudimos y más.

Después inicié a dos profanas en el sagrado mundo de la manzana. En el Apple Center de la 5a. Avenida, donde si no?. Se suponía que me acompañaban a mi que quería ver un par de cosas (y tocar un iPad 2 por primera vez) y al final se enganchó cada una a uno y a poco se lo tengo que arrancar de las manos y sacarlas a rastras de allí de lo que se viciaron. Madre mía, se quedan 10 minutos más y se compra uno cada una.

Pasamos por la puerta del Radio City Music Hall, famoso donde los haya, vimos un espectáculo penoso de adolescentes americanos haciendo botellón mientras la policía espera un momento para intervenir y decidimos coger el metro hasta el hotel. O por lo menos, eso era lo que creíamos, en nuestra divina inocencia.

El caso es que hay metros que se llaman Express que no paran en las estaciones intermedias y allí que nos cogimos uno de estos y nos subió, pasándose de largo nuestra estación, hasta nada menos que Harlem. Si, un buen barrio donde los haya para 3 turistas blancos con una cámara de fotos colgada al cuello y un fajo de billetes de 100 dólares asomándoles por el bolsillo del pantalón (a ver, permitidnos alguna licencia para darle mas emoción al tema no?).

Media hora de espera extra. Casi las 11 de la noche. El anden que se llena de gente de color (muy oscuro) si ya de por si el ambiente del metro es bastante negro, no os imagináis lo que puede ser a esas horas y en aquel barrio. El metro de vuelta que no acaba de pasar. Una frase repitiéndose constantemente en nuestras cabezas: "no se os ocurra subir de la calle 90 por la noche" (y estábamos en la 125, pleno Harlem). Para acabar de rematarlo, el frío en la estación subía por momentos, por la hora y por las corrientes de aire.

Decidimos salir a la superficie a pedir un taxi. Supusimos que estaban rodando una peli o algo así porque en los 5 minutos que el frío (y el miedo - yo, por ellas eh? que iba con dos atractivas mujeres blancas a las que no quitaban ojo) nos permitió aguantar fuera, vimos de todo: un tío ofreciéndonos un taxi no legal (no quiero pensar que llevaría en el maletero), dos o tres coches de bomberos cruzando a toda pastilla, una ambulancia derrapando para detenerse delante de nosotros mientras el conductor saltaba y cogía la camilla de la parte de atrás como en las pelis. Nos quedamos esperando a ver el director decía: "Corten, corten, perfecto. Media hora para el bocadillo y seguimos rodando" pero...no. Como encima no pasaba ni un solo taxi libre, pensamos que era menos arriesgado volver al metro: mejor malo conocido y caliente que frío y peor por venir.

Nos volvimos a coger otro metro express hasta la estación de origen (otra vez hasta la 59) y desde allí si que pudimos coger un taxi hasta el hotel. Bueno, como aun no habíamos cenado y no hay susto que le quite el hambre a un vasco, le dijimos que nos parase en la misma puerta de uno de los chiringuitos mas cutres de toda NY: el Grays Papaya, que se cita en cientos de peliculas y series y se supone que tiene los mejores frankfurts de toda la Gran Manzana y en consecuencia, del mundo entero. Y una m..... así de grande !!!!!! Una salchicha de Oscar Mayer con un poco de tomate Orlando encima le dan mil vueltas. Menudo engaño !!! Menos mal que por lo menos eran baratos, por 4,50$ te dan dos perritos y un vaso de zumo. Eso si, los tíos que lo sirven, dos coreanos o vietnamitas mal encarados fueron los únicos que vimos que se daban un poco de prisa en servirnos porque de normal entre que pides una cosa y te sirven ya ni te acuerdas de que ha sido. La comida será rápida, pero los camareros son leeentos como ellos solos.

En fin, otro de los mitos exagerados que hemos padecido pero tampoco es como para matarles, el gusto culinario de los yankees deja mucho que desear así que en el fondo no nos extrañó mucho que venerasen un festín tan "sofisticado" como ese. Asi que no nos extrañe que cuando vengan a Europa flipen con la comida.

Y por fin, sobre las 12 de la noche, después del periplo Harlem-Papaya nos fuimos al hotel que ya nos lo habíamos ganado.





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