Nueva York se empieza a poner triste porque sabe que ya casi nos vamos y hoy se ha levantado un poco lloroso y frío. La ciudad que nunca duerme también es vengativa con los que la abandonan y ha querido darnos una lección en forma de lluvia gélida. Y ¿que es eso para una cuadrilla de vascos aguerridos y bien pertrechados? Pues de entrada, una puñeta porque hace las cosas más complicadas, como lo de hacer fotos sujetando el paraguas con una mano, la mochila con la otra, los guantes en la boca, y la cámara? Ostras, casi se me cae !!!
Hoy hemos dado una tranquila vuelta por la zona del Village, donde se supone que empezó antaño y hoy se concentra el movimiento gay newyorkino, o sea, como Chueca pero más grande y mas cutre. ¿Empezaría también allí la tradición por los "perritos calientes"? ;-)
No ha estado mal pero nos ha sabido a poco, después de haber visto cosas tan espectaculares, los barrios normales te dejan una sensación de decir "¿y?". Lo hemos intentado arreglar yendo a Tribeca, zona presuntamente regenerada por Robert de Niro, que tampoco estaba mal pero que nos ha parecido igual de prescindible que el Village. Visitas de relleno que aparecen en muchas guías porque al final tienen que hablar de todas las zonas, pero que no tienen suficiente peso especifico como para destacar nada de ellas.
Hemos ido a comer a Chinatown a uno de los sitios más baratos que ponían en la guía y, caramba si era cierto. Comida para cuatro por 29 $ que con la propina se han quedado en 35, unos 6 € por barba al cambio. Hay que decir que el restaurante daba un poquito de grima, parecía el típico en el que rueda las peleas Jackie Chan y que acaba destrozando.
Curioso nuestro segundo paseo por las calles de la zona. Los que venden cosas a pie de acera gritando "Watches" en cuanto nos veían la caras decían "relojes" y sin ni siquiera oirnos hablar, que tíos, se van a hacer los dueños de todo.
Hemos vuelto a Times Square para ver si pillábamos unas entradas a buen precio de algún musical que mereciera la pena pero no ha habido suerte, la del Rey Leon que era la que más queríamos ver ni siquiera la ofertaban lo que significa que tenían lleno total, como casi todos los días. Nos hemos tomado una cafecito en el Starbucks (creo que éramos los únicos clientes quemes lo estaban tomando dentro del local, todo Dios lo coge y se lo lleva puesto) y vuelta para el hotel para descansar un poco antes de irnos a cenar algo por la zona, que es lo que mas nos cuesta, cenar algo ligero, porque hasta las ensaladas las carga el diablo (del colesterol) y transforman algo sencillo y digestivo en una fiesta de bacon, pollo, queso, salsa de ajo, etc. que se acaba convirtiendo en una bomba de relojería. No me extraña que la mayoría de los delitos se cometan por la noche: si cenan así los maleantes tienen que acabar con una mala leche... !!!!
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