Acabamos de aterrizar en el aeropuerto (y medio) de la ciudad donde se inventaron los hot-dogs.
Los tres coincidimos en que el viaje de vuelta se nos ha hecho mucho mas corto que el de ida, pero el paso por los controles de aduanas ha sido más pesado porque a falta de uno hemos tenido que pasar por dos para salir a tomarnos un café (por llamarlo de alguna forma, porque tampoco aquí hemos tenido suerte con el "macchiato"...).
Si supiera que iba a volar más veces vendría con un pantalón tres tallas más grandes para que al quitarme el cinturón en el control de seguridad se me cayera hasta las rodillas y dejara ver un calzoncillo que pusiera: "estoy hasta aquí...de tanto control" a ver si se les quita la paranoia. Que cansinos, por Dios!!!!!
No hemos pegado ni ojo en el avión, todavía tenemos la hora cambiada y seguro que nos pega el bajón cuando estemos volando para Bilbo. O durante la espera que va para largo porque hemos aterrizado a las 5:30 y hasta las 10:20 no embarcamos, 5 horitas dando vueltas por tierras germanas (aunque un par de ellas ya se nos han pasado sin darnos apenas cuenta entre el café y llegar hasta la puerta de embarque que por lo que hemos caminado calculo que queda en Munich...)
Estos alemanes sorprenden gratamente. Puntuales hasta la médula, en los 4 vuelos hemos salido y aterrizado a la hora programada, es increíble.
1 comentario:
Oye Carpe, no sabía que te habías ido a New York hasta ahora y me he puesto a leer tu blog, jeje. Parece que te lo has pasado en grande, me alegro mucho. A mi es una ciudad que no me llama nada, la verdad, y eso que tengo una prima viviendo allí, pero no me termina de llamar, tu sabes que a mi lo que me tira es oriente.
Bueno guapo, muy bueno tu blog viajero, cuanto tesón dando los reportes y que fantásticas tus explicaciones. Un besote muy fuerte y Feliz cumple!
Nerea
Publicar un comentario